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sábado, 8 de octubre de 2011

Lola y la crisis

Todos los días nos bombardean con la palabra. Crisis, crisis, crisis… Pones la tele y la ves en las caras de las gentes, la oyes en los comentarios de los periodistas, en los discursos políticos... Crisis y más crisis.
Una de estas tardes estaba yo embobada viendo y oyendo por la tele opiniones y comentarios al respecto, índices de parados, leyes frustradas, datos de precios, de seguridad social… Alarmas y más alarmas. Y pensé: y nosotros aquí esperando unas elecciones para que un gobierno comience a trabajar y poner orden en todo esto. Porque se trata de eso, de poner orden.
Somos un país desordenado, Lola. Tan malo es el exceso de orden como el desorden. Y aquí vamos siempre de un extremo a otro.
Lola me mira cuando yo hago estas reflexiones en voz alta. Sentada en su sofá favorito, la tele puesta, lee la tele a través de mis ojos, de mis gestos, de mis comentarios de tono alegre o pesimista, lee el tono de mi voz. Si es alegre mueve el rabo con esa alegría contagiosa que le caracteriza, y si mi comentario es triste, desanimado, no lo mueve, simplemente me mira con sus ojos azul glaciar y yo le advierto en la expresión una cara de interrogante. Y como tantas otras veces, en un momento aparto mis ojos del televisor para encontrarme con esos ojazos escrutadores en los que con toda facilidad puedo leer la pregunta: ¿pero… qué es la crisis?
Ay… Lola, Lolita Lola… si tú supieras…
Verás, una crisis es un momento muy difícil. Es un momento en que las cosas dejan de ir bien y comienzan a ir mal, y además parece que no tiene remedio. Es como un tren que ha roto el freno y se lanza a toda velocidad y cuesta abajo por una vía de la que hay mucho peligro de que el tren se salga, descarrile, con la consiguiente catástrofe. En el tren viajan muchas personas, y esas personas tienen familias, empresas, trabajadores, amigos… Y todos ellos a su vez están en peligro si están personas sufren. Y así una catástrofe puede multiplicar sus efectos como las fichas de un dominó. Puede ser muy pero que muy desastroso. Recuerda que todos dependemos de todos.
Tal vez sea el olvido de esa idea el principio de la crisis. Creer que podemos prescindir de los demás, y vivir la vida a nuestro antojo, ganando millones donde otros nadan para sobrevivir, comprando y vendiendo favores, estafando y engañando a todos, proclamando libertades donde no las hay, silenciando opresiones que se ven a la luz de una vela… Por lo visto es fácil crear en la gentes necesidades innecesarias, castillos en el aire. Hay gente siempre dispuesta a creer en lo más inverosímil. Eso, la incultura, y la ambición, y el egoísmo. Y las enormes ganas de eternizarse en el poder. Nos venden a todos por cuatro chavos.  Y a esto hay que añadir el egoísmo del que trabaja poco y mal, egoísmo del empresario que va a la mínima pero que desea una rentabilidad más allá de los prudente, egoísmo de los políticos que consideran que la política consiste en gastar y gastar… Políticos del estado, de las autonomías, de los pueblos… Todos se han contagiado. Y los bancos, esos que siempre se encuentran delante y detrás del dinero, verdadero dios de esta era que vivimos.
Como ves Lola, el lío es tremendo, la situación es difícil. Hay muchos elementos en juego. Eso es una crisis.
El egoísmo es un componente muy peligroso del comportamiento humano, Lola. Inventamos mucho, pero nosotros no mejoramos.
Hay mucha gente sin escrúpulos, Lola, y al mismo tiempo mucha gente con miedo. Y la reacción de esa mezcla es como la pescadilla que se muerde la cola.  Un círculo vicioso, que decimos. El miedo hace que la gente no gaste, y si no se gasta no se produce, y si no se produce la gente va a la calle, y eso produce más miedo, etc. etc.


Hubo un filósofo inglés, un tal Thomas Hobbes, que puso de moda un pensamiento esencial con el que hay que contar siempre. El pensamiento no es suyo, lo fue, como siempre, de un clásico, un tal Tito Macio Plauto, que en su obra Asinaria escribe: “el hombre es un lobo para el hombre”.
La convivencia intenta corregir ese defecto congénito de la humanidad, pero ya ves que con escaso éxito.
El egoísmo es el cáncer de la sociedad, Lola. No sabemos compaginar libertad con generosidad. De ahí que sea tan difícil salir de la crisis. Porque el egoísmo está en todas partes, anida en todos los corazones, se esconde en todas las estancias de la casa, de los pueblos, de las comunidades, del estado… Allá donde hay personas, viaja el egoísmo.
Necesitamos generosidad. Grandes dosis de generosidad. En la vida política, en la cultura, en educación, en… Todo.
¿Yo soy generosa? Me pregunta Lola con los ojos muy abiertos. Tú tampoco, Lola. Recuerda que cuando mamita pone comida a los gatos tú te lo comes. Te comes el pienso de los gatos y el tuyo, Lola. Solo que aquí, el estado soy yo, y reparto y reparto a manos llenas, sin cesar. No quiero pensar que el estado, osea yo, un día dejara de hacerlo. ¿Qué sería de vosotros? Tendríais una crisis. Una grave crisis.
De la crisis Lola, solo se sale con educación, generosidad y cultura. Pero estos elementos hace tiempo que también están en crisis. Porque la crisis, Lola, viene de largo.
Sin ser Tito Macio Plauto, el abuelo de un amigo le decía: “en este mundo jodío, cada uno va a su avío”. No queda fino, pero está clavado.