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sábado, 8 de octubre de 2011

Lola y la crisis

Todos los días nos bombardean con la palabra. Crisis, crisis, crisis… Pones la tele y la ves en las caras de las gentes, la oyes en los comentarios de los periodistas, en los discursos políticos... Crisis y más crisis.
Una de estas tardes estaba yo embobada viendo y oyendo por la tele opiniones y comentarios al respecto, índices de parados, leyes frustradas, datos de precios, de seguridad social… Alarmas y más alarmas. Y pensé: y nosotros aquí esperando unas elecciones para que un gobierno comience a trabajar y poner orden en todo esto. Porque se trata de eso, de poner orden.
Somos un país desordenado, Lola. Tan malo es el exceso de orden como el desorden. Y aquí vamos siempre de un extremo a otro.
Lola me mira cuando yo hago estas reflexiones en voz alta. Sentada en su sofá favorito, la tele puesta, lee la tele a través de mis ojos, de mis gestos, de mis comentarios de tono alegre o pesimista, lee el tono de mi voz. Si es alegre mueve el rabo con esa alegría contagiosa que le caracteriza, y si mi comentario es triste, desanimado, no lo mueve, simplemente me mira con sus ojos azul glaciar y yo le advierto en la expresión una cara de interrogante. Y como tantas otras veces, en un momento aparto mis ojos del televisor para encontrarme con esos ojazos escrutadores en los que con toda facilidad puedo leer la pregunta: ¿pero… qué es la crisis?
Ay… Lola, Lolita Lola… si tú supieras…
Verás, una crisis es un momento muy difícil. Es un momento en que las cosas dejan de ir bien y comienzan a ir mal, y además parece que no tiene remedio. Es como un tren que ha roto el freno y se lanza a toda velocidad y cuesta abajo por una vía de la que hay mucho peligro de que el tren se salga, descarrile, con la consiguiente catástrofe. En el tren viajan muchas personas, y esas personas tienen familias, empresas, trabajadores, amigos… Y todos ellos a su vez están en peligro si están personas sufren. Y así una catástrofe puede multiplicar sus efectos como las fichas de un dominó. Puede ser muy pero que muy desastroso. Recuerda que todos dependemos de todos.
Tal vez sea el olvido de esa idea el principio de la crisis. Creer que podemos prescindir de los demás, y vivir la vida a nuestro antojo, ganando millones donde otros nadan para sobrevivir, comprando y vendiendo favores, estafando y engañando a todos, proclamando libertades donde no las hay, silenciando opresiones que se ven a la luz de una vela… Por lo visto es fácil crear en la gentes necesidades innecesarias, castillos en el aire. Hay gente siempre dispuesta a creer en lo más inverosímil. Eso, la incultura, y la ambición, y el egoísmo. Y las enormes ganas de eternizarse en el poder. Nos venden a todos por cuatro chavos.  Y a esto hay que añadir el egoísmo del que trabaja poco y mal, egoísmo del empresario que va a la mínima pero que desea una rentabilidad más allá de los prudente, egoísmo de los políticos que consideran que la política consiste en gastar y gastar… Políticos del estado, de las autonomías, de los pueblos… Todos se han contagiado. Y los bancos, esos que siempre se encuentran delante y detrás del dinero, verdadero dios de esta era que vivimos.
Como ves Lola, el lío es tremendo, la situación es difícil. Hay muchos elementos en juego. Eso es una crisis.
El egoísmo es un componente muy peligroso del comportamiento humano, Lola. Inventamos mucho, pero nosotros no mejoramos.
Hay mucha gente sin escrúpulos, Lola, y al mismo tiempo mucha gente con miedo. Y la reacción de esa mezcla es como la pescadilla que se muerde la cola.  Un círculo vicioso, que decimos. El miedo hace que la gente no gaste, y si no se gasta no se produce, y si no se produce la gente va a la calle, y eso produce más miedo, etc. etc.


Hubo un filósofo inglés, un tal Thomas Hobbes, que puso de moda un pensamiento esencial con el que hay que contar siempre. El pensamiento no es suyo, lo fue, como siempre, de un clásico, un tal Tito Macio Plauto, que en su obra Asinaria escribe: “el hombre es un lobo para el hombre”.
La convivencia intenta corregir ese defecto congénito de la humanidad, pero ya ves que con escaso éxito.
El egoísmo es el cáncer de la sociedad, Lola. No sabemos compaginar libertad con generosidad. De ahí que sea tan difícil salir de la crisis. Porque el egoísmo está en todas partes, anida en todos los corazones, se esconde en todas las estancias de la casa, de los pueblos, de las comunidades, del estado… Allá donde hay personas, viaja el egoísmo.
Necesitamos generosidad. Grandes dosis de generosidad. En la vida política, en la cultura, en educación, en… Todo.
¿Yo soy generosa? Me pregunta Lola con los ojos muy abiertos. Tú tampoco, Lola. Recuerda que cuando mamita pone comida a los gatos tú te lo comes. Te comes el pienso de los gatos y el tuyo, Lola. Solo que aquí, el estado soy yo, y reparto y reparto a manos llenas, sin cesar. No quiero pensar que el estado, osea yo, un día dejara de hacerlo. ¿Qué sería de vosotros? Tendríais una crisis. Una grave crisis.
De la crisis Lola, solo se sale con educación, generosidad y cultura. Pero estos elementos hace tiempo que también están en crisis. Porque la crisis, Lola, viene de largo.
Sin ser Tito Macio Plauto, el abuelo de un amigo le decía: “en este mundo jodío, cada uno va a su avío”. No queda fino, pero está clavado.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Lola y la libertad



En las tardes en que el verano quiere alejarse de nosotros perezosamente, y el otoño no acaba de decidirse a entrar, aprovecho para salir al jardín y regar y quitar malas hierbas, provista de una pequeña azada.
En esas tardes, Lola aprovecha mi quehacer para arrimarse a la valla del jardín y cultivar uno de sus pasatiempos favoritos: ladrar perritos. Entre los perros vecinos y ella se establece una comunicación a base de ladridos. De vez en cuando les miro, y me sonrío a mí misma, porque realmente es como si hablaran de algo. Se apasionan, a veces se desatan acaloradamente, otras gruñen, otras callan en un silencio extraño, roto luego con ladridos aún más insistentes. ¿Serán unos del Barcelona y otros del Madrid? Jaja. Aquella tarde fue así.

Llevaban un buen rato en estas “conversaciones” mientras yo me afanaba en arrancar las hierbas y hacer surcos para que el agua corriera por donde yo quería cuando veo a Lola correr desesperada hacia mí. La insistencia de los ladridos de algún perro lejano la acompañaba en su carrera, y su cara, con los ojos muy abiertos, me alarmó. Algo le pasa a mi perrita. De pronto, nerviosa, jadeante, con la cola dando mandobles desesperados a diestro y siniestro se me plantó delante y, mirándome fijamente me fusiló con esta pregunta: ¿Yo soy libre?

Dioses del Olimpo, socorredme. De eso iba aquella desesperada conversación de perritos esta tarde. Tragué saliva mientras mi cabeza daba vueltas a toda velocidad en busca de palabras que dieran respuesta a semejante consulta. En el silencio, Lola se sentó, sin dejar de mover la cola. La vi tan desamparada, tan desorientada en su interior que quise calmarla primero, antes que nada. Me arrodillé en el suelo terroso, tendí mis brazos a ella y Lola se me acercó, necesitada como estaba de consuelo. Me besó las manos y cuando abrí mis brazos, se metió entre ellos con la cabeza gacha, como un manso cordero blanco. Yo la abracé, le besé la nívea testuz y ella me lamió las orejas. Nos quedamos así unos instantes, en los que yo la tranquilicé masajeándola. Entonces me incorporé y le dije: ven, entremos en casa, tenemos que hablar.
Mi sillón favorito es uno de esos que llaman de orejas. El de Lola es el sofá. Y allí, de un elástico saltó se subió, se acostó y apoyo su cabeza en el apoyabrazos. Sus ojos puestos en mí. Sus orejas en atención. En estos momentos siempre me estremezco y comprendo a los profesores que deben expresarse con claridad, haciéndose entender por esos mundos tan distintos y distantes que son los niños. Realmente les admiro.
Veras Lola. La libertad… no existe. Bueno, si, un poco. Pero la libertad absoluta no existe, porque no puede existir Lola. Los seres humanos y su mundo, son como las células de un cuerpo, Cada una está ligada a las otras y así, millones de ellas forman los tejidos y los órganos. No estamos solos, por eso no podemos ser absolutamente libres. Tú has visto un panal, imagínate cada celdilla, ese hexágono limitado por su seis caras con otros hexágonos y así todos y cada uno de ellos. Lo que le ocurra a uno incide en los demás. Así que Lola, la libertad de cada uno de nosotros está limitada por la libertad de los demás. Y saber encajar eso en nuestro mundo es una tarea difícil, aunque hermosa. Tal vez la más difícil y hermosa, porque estamos hablando del más grande don del que podemos gozar: la libertad.

Date cuenta Lola que los millares de guerras de este mundo que han supuesto la muerte de centenares de millones de personas, todas han sido por la libertad. Pongámosle el sobre nombre que queramos. Guerras de religión, guerras políticas, de fronteras, de odios, de razas contra razas, de supremacías de unos pueblos contra otros, de tribus contra tribus, de hombres contra hombres de odios y venganzas… Es igual.  Al final, Lola, no han sido más que guerras de libertad. Alguien quiere quitarnos la libertad y esclavizarnos a su manera. Que pensemos a su manera, que deseemos a su manera que sometamos nuestra voluntad a la suya. Hoy llámale capitalismo, socialismo, nacionalismos… La lucha por la libertad va a ser eterna, Lola.

Para ser libres, Lola, debemos aprender a respetar la libertad de los demás. Solo así podemos encajarnos unos con otros y tejer esa urdimbre elástica y colorista que es la compleja sociedad en la que vivimos.
A veces la lucha por la libertad es dolorosa, Lola. Mortal, ya te digo. Nosotros tenemos la suerte de vivir en un mundo donde la cuota de libertad es considerable. No todo el mundo vive así.

Pero esa angustia que produce la lucha diaria por el respeto a los demás, el control de uno mismo para no mortificar a nadie con nuestro despotismo, se compensa con otro de los grandes dones de los que podemos disfrutar: el amor.
Si no fuera por el amor, Lola, la vida sería una lucha sin cuartel a ver quien supera a quien, quien vence a quien, quien domina a quien. Pero el amor, Lola, suple esas ansias destructivas, nos hace amables, comprensivos, cariñosos. Nos hace perdonar, ayudar a los demás… Conseguir por vía del amor que la libertad no sea una lucha sangrienta, sino el reconocimiento de la singularidad de unos y otros.

Lola detuvo el movimiento de su cola. Sus hermosos ojos azules descansaban sobre los míos. Y me dio las gracias de la forma más maravillosa que la naturaleza le ha concedido hacer. Se levantó tranquila, sosegada en su espíritu, reconfortada por mis palabras y acudió a mí como el cordero blanco, entregada de amor. Se metió entre mis brazos, me lamió, yo la abracé y juntas gozamos ese instante de comunión.
El amor, Lola, todo lo puede. Démosle ocasión

Lola y la Religión

He tenido una extraña conversación con mi perra Lola. Ya sé que hay gente que no creerá que se pueda hablar con un perro, pero yo con mi Lolita sí. Sin hablar, claro, pero telepáticamente sí.
Todo sucedió la tarde en que miraba correos en mi ordenador. La casa estaba tranquila y un sosiego extraño reinaba en toda ella, como si de pronto hubiera entrado en otra dimensión, un universo sin ruidos.  Me impresionó la ausencia de sonidos. Es esa calma previa a la tormenta, o el sobrecogedor silencio de los animales que presienten un peligro. Ni perros que ladran, ni coches que pasan, ni motos, ni viento que mueva ramas… Nada.  Como cuando en la selva un peligro acecha y los pájaros dejan de cantar y los monos no aúllan, y hasta parece que las ramas de los árboles dejan de mecerse. Todo es una impresionante quietud. Tal fue la cosa que, sin apenas moverme, percibiendo el silencio y la extraña atmósfera de paz, alcé los ojos con cuidado por encima de la pantalla de mi ordenador, sin apenas mover la cabeza, y vi a Lola, recostada en el sofá, mirándome fijamente con sus ojos de azul glacial. Y sucedió. Así, sin más.
­―Hola ―me dijo―, hace tiempo que espero este momento. Quisiera hablarte de algo importante para mí. Un descubrimiento nuevo que he hecho sobre vosotros los humanos.
―¿Qué es? ¿A qué te refieres?
―La religión. ¿Qué es la religión?
―¿Eh? ¡Ahh…! Pues… no sé… Yo soy poco entendida en la materia, pero sí, ya hemos hablado de ello alguna vez.
―¿En qué consiste la religión? ―insistió.
―Bueno, consiste en la creencia en un dios. Un dios creador. Lo que sucede es que a lo largo de la humanidad ese dios ha cambiado de carácter. Unas veces se ha presentado como justiciero, y otras veces como un padre amoroso.
―¿Tú tienes religión?
Uffff… en aquel momento me removí incómoda en mi sillón, porque supe que Lola me iba a interrogar a fondo sobre un tema que yo tengo cerrado en mi vida desde hace tiempo, pero claro, no puedo rechazar sus necesidades de saber. Así que me iba a obligar a que pusiera del revés mi alma, como se pone un calcetín, y eso siempre da pereza y miedo, porque nunca se sabe que puede salir que estuviera allí, descuidadamente escondido.
―Verás Lola, la religión, ha sido, es y será siempre algo muy importante en la vida de la humanidad. Sería impensable nuestra historia sin la religión, las religiones, las pasadas, las actuales y si acaso las futuras. Yo no soy, no puedo ser ajena a la religión. Nadie lo es. Se podrá seguir o no, ser creyente o no, pero nadie puede ser ajeno al fenómeno, dado que la religión forma parte de nuestra idiosincrasia, como lo es la magia, la poesía, la duda, el arte… El día que los humanos tuvimos imaginación y pudimos soñar, descubrimos el cielo y… el infierno. Ambas cosas las llevamos dentro.
―Es difícil entender.
―Sí lo es. Por eso los que creen, apelan a una situación incontestable, a una muralla protectora contra la que choca una y otra vez cualquier pregunta en busca de una verdad: la fe. La fe se tiene o no se tiene. Es difícil hablar de la religión, porque toca elementos escondidos en lo más recóndito del pensamiento, allí donde la libertad es total, para crear, inventar, soñar, o… creer en dios, o dioses. De lo que si podemos hablar es de los hombres que hablan por boca de dios, que interpretan a dios, que explican a dios. Las iglesias. Los intermediarios entre dios y los hombres. Ahí si hay peligro, Lola. La iglesia reinventa a dios, y siglo tras siglo le dan… aires nuevos, a veces de forma caprichosa y a menudo no muy consecuente ni conveniente para la libertad humana.
―¿Entonces… qué soluciona Dios? ¿Sirve pues para algo?
―Naturalmente. ¿Sirve para algo la poesía, la pintura, la literatura…? A muchos les da confianza, les quita la angustia de la vida, les resuelve el problema de la seguridad, se sienten protegidos… Es el primo zumosol, ya sabes, el todopoderoso en quien se puede confiar desde el nacimiento hasta la muerte y aún más allá.
―¿Y los que no?
―Bueno, los que no siempre podemos dejarnos querer. Si lo hay, quiero pensar que es bueno y que cuidará de todos nosotros. Y si no lo hay… me basta con saber que he hecho el menor daño posible y fundirme al fin con la arena del tiempo. Que al final solo haya paz. Para mi es suficiente.
―¿Y los perritos? ¿Hay un dios de los perritos? ¿Quién cuidará de nosotros?
―Si hay dios, lo es para todos, Lola. Sería impensable que ese dios creador olvidara a alguna de sus criaturas.
Lola se me quedó mirando como diciendo… “y eso que escondes y no me dices…?
―Siempre estaremos juntas, Lola. No lo dudes. Donde sea, pero juntas.
Me sonrió, como hacen los perros, moviendo la cola. Cerró los ojos como para poner fin a la emisión, y de pronto corrió la brisa, se movieron los árboles, y una moto se dejó oír a lo lejos, y se escucharon ladridos de los perritos cercanos… y me encontré con los ojos en la pantalla de mi ordenador.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Lola y el concepto de pecado


Lola y el concepto de pecado
A veces Lola me desconcierta con sus preguntas. Últimamente, quizá por aquello de la visita del Papa, a Lola le bullen en la cabeza palabras como Religión, Dios, Pecado, Cielo, Infierno… No me son palabras ajenas, claro está, pero son palabras que no suelo utilizar ni pensar en ellas más de lo debido. Ya he dicho en alguna ocasión que yo, simplemente, confío. Ya he tenido con ella alguna conversación al respecto, pero su insistencia me hace saber que está muy interesada por esos temas. Si acaso hasta preocupada. En el fondo quiere saber si ella y yo estaremos juntas, si nuestras vidas se unen más allá o… solamente acá, si alguna vez nos separaremos, y si la vida, sea como fuere, seguirá como hasta ahora, toda feliz. Parece como si le angustiara el devenir.

En esta ocasión me deja perpleja porque me pregunta sobre el pecado. ¿Qué es pecado?

Madre mía. Desde luego no es algo de comer, Lolita. Verás, ejem. Pecado es… bueno, pues… hacer cosas malas contra los demás. Lo que está mal hecho. Lo que perjudica a uno mismo o a los otros. Así se podría definir eso del pecado según una explicación cristiana. Porque verás, Lola, no todo el mundo tiene el concepto del pecado. Los no creyentes no pueden tenerlo. Para un ateo, o simplemente un no creyente, los pecados no existen. Pero sí las malas acciones. Que pueden ser de muchas clases. El concepto de pecado, de una acción mala ante los ojos de Dios es cristiano.

Para los griegos, que tú conoces bien por aquello de Licurgo, el concepto de pecado no existía, por ejemplo. Pero sí se reconocían malas acciones o conductas en las personas. Era otro concepto diferente. Por ejemplo, el afán desmedido en la vida era una grave falta. Según ellos los seres que sobresalen demasiado, que se jactan de su condición, despiertan la ira de los dioses que les lanzan sus dardos desde el cielo, como rayos, porque les molesta todo lo que sobresale, como las grandes montañas, los grandes árboles, los grandes edificios… La moderación, la sobriedad, la medida de las cosas era para ellos la mejor forma de vida. La virtud. Eso hace que el hombre sepa siempre cual es su lugar en el universo. Y le recuerda que los humanos son mortales ante los dioses inmortales.

Lola atiende con esa mirada inquisitiva, que parece atravesar mi cerebro, que me parece estar leyendo más que escuchando. No sé si yo le explico bien, o si ella me entiende con suficiente claridad.

Ya Cervantes, en su Gitanilla, le digo, pone en manos de la abuela esas palabras que le dice a su nieta cuando se ponía filosófica y que ya me has oído alguna que otra vez: “No te asotiles tanto que te despuntarás.” Bueno, no te eleves tanto que te saldrás de madre, podríamos decir hoy. En una palabra, que no hay que pasarse.

A mí, si dejamos a dios y los dioses fuera, me parece bien lo que decían los griegos. La moderación en las cosas es una buena virtud, aunque hoy en día precisamente todo y todos nos animan a pasarnos continuamente. ¿ No serán las TV, las marcas de productos, las compras y ventas, el anhelo constante de poseer más y más cosas el mismo infierno? Desde luego tentadores como los demonios de la tradición cristiana lo son. Lo digo porque todos ellos nos invitan continuamente a pasarnos en todo. Eso da que pensar, Lolita. Los griegos no lo aprobarían. Y los griegos eran sabios.

De pronto, Lola, como cerrando la conversación me pregunta de nuevo: ¿yo tengo pecados?

Después de pensar en ello un momento, la miro fijamente y le digo: tú eres un ser puro, no tienes ambición, no deseas mal a nadie, siempre estas contenta, no quieres tener más cosas, no te marean la cabeza con que compres coches nuevos, casas nuevas, nuevas hipotecas, viajes nuevos… y miles de cosas más. Ni para los cristianos ni para los griegos eres un ser malo. Tú solo deseas querer… y que te quieran. ¿Se puede pedir más?

Lola y el ruido


Lola y el ruido


Ya me pregunto yo qué hago escribiendo sobre Lola y el ruido, pero es que a Lola le choca que los humanos necesitemos hacer ruido cuando nos encontramos felices y cuando no. En general Lola acepta bien el ruido. Si oye un cohete no se suele asustar, yo creo que porque está tan intensamente metida en su juego interno que no lo oye. Pero sí que hay muchos perros a los que los ruidos les aterran. A Nora, la sharpei de un amigo, los ruidos de truenos le causan tanto terror que se mete debajo de la cama toda temblorosa y no sale hasta que se le olvida. Y si va por la calle arrastra a su amo hasta casa y se olvida de pipis y cacas. Es curioso. También yo, ahora que ella me lo pregunta, pienso por qué nos gusta tanto hacer ruido, por qué esa necesidad de hacernos notar, siendo como sabemos que es una de las formas de contaminación más extendidas en nuestro mundo. El ruido nos atonta, nos distrae, nos saca de quicio, nos tiene en un ay incómodo y desasosegante.

En general los animales son silenciosos, a lo sumo hacen los ruidos típicos para hacerse notar ante otros, para ligar, para avisar de un peligro… Aunque sabemos de perros que continuamente ladran y molestan a los vecinos. Pero lo hacen con una intención. Son perros a los que les pasa algo, viven una situación especial que consideran de peligro para ellos o sus amos o no están debidamente socializados. Los perros suelen mostrarse silenciosos cuando cazan solos, no cuando van en jauría, que tienen que ladrar para levantar las presas. Pero salvo ruidos puntuales, ladridos con clara intención y poco más, los animales suelen ser silenciosos.

A Lola estas explicaciones no la convencen mucho y no entiende esa necesidad que tenemos de celebrar con ruido las fiestas siendo como es algo hiriente física y emocionalmente. Excesiva, sería la palabra. Un ruido al año no hace daño, pero mil ruidos a cada instante os sacan de los nervios, me dice.

En casa Lola se mantiene en silencio salvo cuando oye ladrar a algún perro. Entonces sí, se levanta a mirar y contesta con unos cuantos ladridos. Debe ser su sistema de telefonía móvil. A Lola le cuento que los más silenciosos son los elefantes, que con ruidos de bajísima frecuencia se mantienen unidos en la manada y se buscan unos a otros. Los elefantes solo barritan estruendosamente cuando quieren amedrentar al contrario o desean manifestar su poderío físico, es decir cuando es útil, y por el tiempo justo. No se pasan todo el día dando la murga a los demás. En cambio nosotros sí. Nos encanta una moto que haga ruido, tirar cohetes por cualquier cosa, tracas, castillos, gritos, silbidos, palmas… Berridos.

Yo creo Lola, que estamos tan histéricos, que deseamos, que necesitamos una válvula de escape, un gesto que nos sirva de desahogo, un exceso por donde sacar tanta mala leche, tanta frustración, tanta necesidad, tanta… De todo. De ahí los ruidos.

Los gorilas hacen ruido, mueven ramas, gritan, se golpean y hacen mil ruiditos horribles para asustar al contrario. Mira que fuerte soy y que poder tengo. Nosotros estamos desquiciados, Lola.

Lola, Lolita, que sabia y medicinal eres. Cuando la miro en las tardes, ya recogidas ambas, me transmite esa paz maravillosa, esa imagen de amable y cariñosa quietud que me sosiega, me relaja, me devuelve el equilibrio perdido durante el día en mil afanes, miles de palabras y esfuerzos y saca de mi cabeza los ruidos de la calle, del trabajo, del exceso de vivir la vida a base de lucha diaria. El corazón se acompasa a ritmo de lento y majestuoso vals.

Lola, música, lectura y cena. El alma se serena al fin.

viernes, 22 de julio de 2011

Los Perros y el Arte



Desde las pinturas rupestres hasta ahora, el perro ocupa toda clase de pinturas, escritos y manifestaciones artísticas confirmando una vez más la maravillosa simbiosis que ha existido entre humanos y cánidos.
Además de los bueyes, búfalos, caballos, renos, ciervos, etc., los perros ocupan siempre un puesto de honor entre los cazadores, no entre los cazados. Semejante acuerdo entre un animal y el hombre no ha existido mejor en la historia de la humanidad.
Dicen los estudiosos de estas cosas que los hombres primitivos pintaban porque querían expresar de forma mágica (entonces todo era mágico) la presa que querían cazar. Era como si al pintarla en las paredes o techos de la cueva, la presa viniera sola a entregarse. Yo la verdad, soy más prosaica y tengo mis dudas. Creo que había gente que necesitaba pintar y pintaban. Igual que hoy hay gente que necesita escribir, componer música, cantar, pintar… El arte es una necesidad del alma. La razón (cerebro) tienes sus razones y sus momentos, pero el alma (o psique) tiene también sus necesidades. Al Cesar lo que es del Cesar. Es decir, al alma lo que le pertenece y lo que le pertenece es el arte.
Pues nuestros queridos perros, sus antecesores, ya aparecen en escenas de caza hace 10.000 años. A cambio de esa ayuda, el hombre le ofrecía comida, protección y refugio, lo que me hace pensar que los perros… tal vez no vengan solo de los lobos. Porque los lobos necesitan poca ayuda del hombre, viven en manadas… y saben cuidarse muy bien. Es por tanto una afirmación con la que tampoco estoy muy de acuerdo. Pudo haber algún tipo de animal, parecido al lobo, pero diferente, del cual vienen nuestros perros. Porque los perros y los lobos tienen idiosincrasias muy distintas. De la misma forma que los humanos venimos de algún tipo de homínidos, pero no precisamente de los que existen ahora.
Reyes y gente importante de todos los tiempos se han retratado juntos a sus perros favoritos. La mayoría de los pintores los han convertido en personajes de sus cuadros. Por decir uno de los nuestros, ahí están Las Meninas, de Velázquez, y ese perrazo mastín situado en primer plano a la derecha, junto a María Gárgola y Nicolasín.
Me gustaría mucho saber pintar y hacerle un retrato a mi Lola. Los humanos que quieren inmortalizarse, reflejar en una imagen propia su alma y su carácter lo hacen con la pintura, en un cuadro. Por algo será. La pintura capta el alma de la gente mejor que la fotografía. El pintor, que es un psicólogo, sabe quitar y poner, reducir o destacar, iluminar o ensombrecer, destacar o difuminar, para dejar en esencia en el lienzo lo que somos de verdad.
Mucho me gustaría representar toda la belleza que veo en Lola. Su amor, su fidelidad, sus ganas de jugar, su mente ágil y despierta, sus momentos de relax mirando al jardín, o cuando duerme plácidamente entre cojines, acostada en el mejor sofá de la casa, con esa cara de sueño sin preocupaciones…
Lola, Lola, vaya vida de perro que llevas…
PD. Esta es una foto “acuarelada” con ordenador.

lunes, 18 de julio de 2011

El Perro de Keops


En África, ese continente olvidado de todos, madre de culturas y razas, vive una clase de perro llamado basenji. Tiene orejas largas, es estilizado, ágil y fuerte, como corresponde a un cazador. Un buen cazador. Los nativos lo usaban para cazar leones, y también aves y antílopes. Estamos hablando pues de un perro muy valiente. Los nativos cuidaban a sus perros porque existía la creencia de que alejaba a los malos espíritus de la noche.

Los egipcios descubrieron ese animal valiente y decidieron adoptarlo hasta el punto de convertirlo en un perro sagrado. Los egipcios no eran tontos. Eran egipcios, y sabían que el perro no era ningún dios, como tampoco lo era el halcón, el hipopótamo o el cocodrilo, pero sus características servían muy bien como morada de los dioses. Los dioses se encarnaban en ellos para tomar cuerpo y bajar a la tierra. De ahí que al adorar al animal de turno, se adorase al dios.

El basenji aparecía en los sepulcros, tallado e incluso momificado, para acompañar a los muertos, por eso se llamó el perro de Keops, aquel faraón que construyó la gran pirámide de Guiza.

Ya veis, amigo/as qué unido a nosotros está el perro, que incluso se le adoró como a un dios.

La verdad es que los perros, y animales en general, tienen siempre un porte noble ante la vida. Ahí está el caballo, por ejemplo, cuya única fealdad es el jinete que porta. Todo él es una magnífica exposición de fuerza y belleza contenida, a pesar de ser un esclavo del hombre.

Los perros no entienden de suspicacias, de cobardías, de mentiras, de sospechas, de complots, de envidias o celos. En general, salvo los animales despersonalizados por el hombre, los animales suelen mostrar gran nobleza y dignidad ante la vida. Los hombres corrompemos a los animales trasladándoles nuestros defectos.

Cuando veo a mi perra Lola dormir, o jugar, o simplemente estar sentada mirando el horizonte, veo en ella todo lo que los humanos hemos perdido. Cuánta dignidad en su postura, cuanta aceptación de su condición animal, cuanta belleza en sus formas, cuanta gracia en su naturaleza, cuanta integridad en su carácter.

El perro es el mejor amigo del hombre. ¿Es el hombre el mejor amigo del perro?

Un chiste sobre perros: Estaban dos pulgas en un perro y se acuestan a reflexionar y una pulga le dice a la otra:
-¿Habrá vida en otros perros?

domingo, 17 de julio de 2011

Los perros de Licurgo



Parece que no, pero escucha. A veces, sentada a mis pies, en las tardes de relax, cuando ya el alma se nos serena, aprovecho para leer, y, por qué no, lo hago en voz alta para que ella me oiga. Le he contado historias de perros, de Supercan, de Rin-tin-tin, de los perros de San Bernardo y hasta del perro de San Roque. Pero una de las historias que más me gusta es la de los perros de Licurgo.

Este Licurgo fue un fantástico personaje de la era de Esparta y Atenas. Concretamente espartano, fue un gran legislador y filósofo que revolucionó a su ciudad e hizo de Esparta una sociedad de guerreros disciplinados, con un gran sentido de la patria, de la ética y la justicia. No voy a disertar sobre Licurgo, pero tan solo una frase le define muy bien: Lo importante de las leyes no es que sean buenas o malas, sino que sean coherentes. Solo así servirán a su propósito". Eso es un tío serio y no… En fin, eso.

Pues por aquel entonces las gentes, aunque parezca increíble, estaban muy preocupadas por la educación, en la que sin duda Licurgo tenía mucho que decir. Es muy cierto que la tele no se había inventado. Un día los mandamases de la ciudad pidieron a Licurgo que hablase a las gentes sobre las bondades de la educación. Y Licurgo les pidió un año de plazo para disertar sobre el asunto. No sabían los próceres el por qué de tanto tiempo para un discursito, pero Licurgo, hombre dado a pensar así lo pidió.

Pasado el tiempo previsto Licurgo volvió a Esparta con dos perros y dos liebres. Un perro erra blanco, hembra. Ya me entendéis ustedes vosotros. No sé como se dice Lola en espartano, pero Dolores, en el griego moderno se escribe “πόνος.” Toma ya.

La gente se apiñaba en la plaza como ahora cuando canta un jovenzuelo/a de la modernidad televisiva. Pero no había guitarras ni megafonía, ni luces… Solo Licurgo, subido en lo alto de la escalinata blanca del foro. Se hizo el silencio. Licurgo pidió un pasillo entre la multitud para que contemplaran cuanto iba a suceder. De una jaula salió rauda como el viento una liebre, y tras ella, veloz como el rayo uno de los perros. Y ante la multitud enfervorecida el perro dio caza a la liebre y, mordiéndola en el cuello la mató. Las gargantas enmudecieron sobrecogidas ante la imagen de la liebre ensangrentada entre las fauces del perro.

De la jaula salió la otra liebre, que lejos de correr como alma que lleva el diablo, se entretuvo olisqueando los pies polvorientos de las gentes o comiendo las hojas de verduras perdidas en el suelo Y ante la expectación general, esperando ver de nuevo una caza encarnizada, salió la perra blanca. Corrió hacia la liebre, se miraron ambas, se olieron mutuamente, hocico con hocico. La tensión general y el silencio absoluto cortaban el aire, más de pronto ambos animales comenzaron a jugar. El despiporre general y los aplausos ante tamaña muestra de generosidad y cariño fue magistral Y de entre la multitud, alzó los brazos Licurgo para pedir silencio y dijo: estos son los poderes de la educación. El primer perro solo obedecía a su instinto, el segundo ha sido educado y ve al conejo como el amigo feliz de sus juegos.

Pues sí, amigos/as. Ni que decir tiene que mi perra Lola ya estaba dando clases con el amigo Licurgo. Y es que mi Lolita… es mucha Lolita. Y colorín colorado… Vaya, se ha dormido a mis pies. En fin.

Master and commander


Sé que es una bobada, pero a veces pienso que si hubiera un cielo para los humanos también debería haberlo para las mascotas. No es aceptable, para mí, que seres que han participado contigo de las alegrías y penas de este mundillo desaparezcan sin más, sin dejar rastro ni huella en otra posible vida.

Tengo un amigo que tiene una perrita sharpei. Nora, es su nombre. Nora es una dulzura de perra, callada, prudente, un poco testaruda, silenciosa y con cara de dibujos animados. Cuando pasa por la calle la gente la mira sonriente, salvo a los que los perros no les gustan, porque no los han tenido, claro está. Pues mi amigo dice que él no va al cielo si Nora no va con él. No le interesa el cielo sin Nora. Desea tenerla allí. Casi el cielo es estar con ella. Es un amor incondicional también el suyo.

Mi amigo cocina para su perra, le da largos paseos, la cubre con una manta en invierno, procura llevarla por las sombras en verano, le lleva agua fresca a cada dos por tres y disfruta como un enano acariciándola y jugando con ella. Ahora está delicada, tiene la cadera mal y la perra se resiente de ello. Ya no es la de antes. No tiene la viveza, la agilidad, la alegría de antes. Pero mi amigo, quizá por eso mismo, ha arreciado su amor por ella y la cuida con el mimo propio de quien cuida a un ser querido. Porque es un ser querido.

Estamos acostumbrados a ver personas que dan su vida por otras. Personas que dedican sus vidas a los demás. Sacerdotes misioneros, seglares que van a ayudar a los confines del mundo, médicos que dedican sus vacaciones a operar sin descanso en hospitales de campaña en condiciones terribles y en lugares paupérrimos… Todo eso tiene un gran mérito. Deberíamos incluir también en el lugar de admiración popular a las gentes que hacen el bien a los animales, en general, y a las mascotas en particular. .Deberíamos ampliar el muestrario de admiraciones. Porque entre otras cosas, todas esas personas que van a ayudar a otros, acaban diciendo que a fin de cuentas, son aquellos quienes les han ayudado a ellos, a ser mejores personas, a comprender mejor la angustia con la que mucha gente vive su única vida. Su única oportunidad de vivir. Aprenden de su resignación, de su valor, de su capacidad de sacrificio, su serenidad, su nobleza, su amor por la familia, la autenticidad de sus personas… en esos mundos donde la única riqueza son los valores personales de cada uno. Quién ayuda a quien.

A mi amigo, como a mí, y a muchos más, nuestros animales nos ayudan a ser mejores personas. Es una ayuda recíproca.

De mi perra Lola, como de otros perros que he tenido, he aprendido mucho sobre perros y… sobre personas. Dime como es tu perro y te diré como es su amo.

Algunos perros han tenido mucha suerte. Y algunas personas también.

viernes, 15 de julio de 2011

perros mayores


Hacerse mayor

Es extraordinaria la cantidad de perros mascotas que hay hoy en día. En España hemos pasado de poner latas a los perros en las colas, de verlos hambrientos y solos vagabundeando por las calles a esta fiesta de perros de todas las razas. Comenzamos a tener, como es sabido, un nuevo problema, la inconsistencia de la gente que al más mínimo contratiempo se deshace del perro abandonándolo. Los perros estaban preparados para convivir con nosotros, pero nosotros no lo estamos tanto con ellos y por eso los perros no nos abandonan jamás y nosotros a ellos sí. Las perreras y ONGs dedicados al refugio de animales están llenas, las adopciones no se hacen siempre con la agilidad que se quisiera, algunos perros, inevitablemente, nadie los va a adoptar… En fin, no quiero entristecer el alma pensando en el pobre fin de esos perritos sin culpa de nada. Tener como mascota a un perro es una grave responsabilidad. Eres el encargado de su felicidad o su desgracia. Demasiado poder para quien no tiene educación ni sensibilidad.
Hay una nueva modalidad de abandono que se ve en las perreras: el perro viejo. Es a ese a quien me refiero especialmente. O al perro enfermo cuyos gastos de veterinario no son asumibles por el dueño y decide abandonarlo a su suerte. Si hay alguien que represente la gratitud y fidelidad es el perro, y si hay alguien que represente la ingratitud e infidelidad es el hombre.
Todos sabemos, queridos amigos/as, historias al respecto, tanto de humanos como de perros. Cuento hoy dos, brevemente, que todos conocemos pero que vale la pena recordar.
El abuelo que ya mayor, molesta en casa, con sus achaques, y deciden llevarlo a una “residencia” de ancianos, que es como ahora se llama el asunto para que no asuste. El abuelo, el hijo y el nieto van juntos a entregar al abuelo a la susodicha institución y, ante la entrada del “apartaabuelos” el hijo le dice a su padre: ¿es aquí donde yo tengo que traerte cuando tú te hagas viejo?
Afortunadamente aquello hizo pensar al padre y decidió volver con el abuelo a su lugar natural, su hogar, con su familia.
Un perro jamás lo habría hecho.
La siguiente historia está sacada de una de las famosas fábulas de Esopo. Es la de un viejo perro cazador, que de joven nunca se rindió ante ninguna bestia en sus días de caza, pero que en sus días ancianos tropezó con un jabalí en una cacería. Aunque lo agarró por la oreja no pudo retenerlo porque sus dientes ya eran débiles y así, el jabalí se escapó.
El amo llegó disgustado y reprendió al perro de mala manera. Y este, penosamente le dijo: mi amo, mi espíritu es tan bueno como siempre pero no puedo sobreponerme a mis flaquezas. Yo prefiero que me alabes por lo que he sido y que no me maltrates por lo que ahora soy.
Cuando veo a mi perra Lola toda llena de vitalidad, fuerte y ágil, pienso en cuando sea mayor, y ya no pueda hacer todo lo que hace hoy. También yo seré más mayor, y espero que eso me sirva para entender que Lola es la Lola de siempre, toda amor y fidelidad, asunto por el cual la traje a casa un día. Sé que Lola me dará ese amor toda su vida, como yo a ella el mío. Y eso es lo importante.

martes, 12 de julio de 2011

la creacion y los perros




Todas las culturas tienen mitos y leyendas para expresar, para contarse racionalmente a sí mismos y a los demás, el origen del mundo. Es una necesidad. Como el pensamiento antiguo estaba dominado por la magia, el pensamiento mágico era el sustituto de la ciencia y la lógica. Y la verdad es que ha sido tan maravilloso que haya sido así que hoy en día podemos disfrutar de historias fantásticas que no hacen más que engrandecer el espíritu humano.

Los indios norteamericanos no podían ser menos y también inventaron lo suyo para explicar aquellos momentos estelares. Según ellos, el dios Nagaicho creó el mundo. Y por partes, además, que, cosa curiosa, es una idea que comparten casi todas las culturas. Se ve que hay que poner orden en las cosas. Pero a lo que iba.

Primero puso cuatro columnas para que sostuvieran el cielo y separarlo así de la tierra. Es curioso que también la biblia diga que dios separó el cielo de arriba de la tierra, y luego los mares de la parte seca… Es curiosa esta coincidencia. Pero sigo.

Separados cielo y tierra fue a pasearse por el mundo mientras creaba cosas: ríos, montañas, valles, toda clase de plantas, animales… A los animales los creó uno por uno. Luego, lleno ya de estos elementos que formaban el paisaje creó dios a los protagonistas: el hombre y la mujer. Y creó a todos los animales excepto al perro. En ninguna parte del relato se dice que dios creara al perro, porque cuando Nagaicho salió a pasear ya llevaba un perro con él. Así que amigos/as, el perro siempre ha estado ahí, desde el origen de las cosas. Cuando un animal está tan ligado a la creación, según la leyenda india, es que el perro formaba parte de sus vidas desde tiempos inmemoriales.

Lo más curioso del caso es que en todo este tiempo, el perro ha aprendido más de nosotros que nosotros de él. Lo que sucede es que el perro no sale en la tv contando cómo se educa a las personas (habría que oírles), o no escriben en revistas. Ea, no hablan. Pero son muy listos y aprenden.

Se dice de los niños que aprenden a conocer antes a sus padres que estos a ellos. Con los perros igual. Los perros establecen un lenguaje con sus dueños porque les entienden. Los tonos de voz, los gestos, el sonido de las palabras, palabras incluso, son entendidas por el perro. Advierten cuando estas preocupado, enfadado, enfermo… o feliz. Las historias de perros que se han dejado morir junto a sus amos son muchas, y todas ellas de una ternura, una sensibilidad y una fidelidad que la raza humana no ha podido conocer en sus millares de años de vivencia en el planeta. No existe ni la primera ni segunda guerra mundial de los perros, por ejemplo.

¿Enseñar a un perro? Resulta que el famoso adiestrador de perros de la tele, ese mejicano listo afincado en EEUU, entendió que a quien hay que educar para que entienda a los perros es al hombre, porque el perro ya nos conoce. Ese es su éxito. No educa perros, educa personas para que puedan relacionarse con los perritos.

Mi perra Lola sabe siempre a quien tiene delante. Sabe perfectamente a quien tiene que obedecer y a quien puede torear. Y lo sabe porque ha conocido a las personas antes que las personas a ella. A mí, por ejemplo, sabe que me puede torear. Pero también sabe que mi amor por ella es tan grande que firmo mi alianza con ella por toda la eternidad. Y sé que ella lo sabe. Por eso, de vez en cuando me da una tregua, y me hace caso, y me deja descansar… mientras prepara en su mente ágil una nueva trastada. Ummm… Lola Lolita…

E.C. M. Historias de mi perra Lola.

Mi perra Lola 2 Acteon y Diana


No dejo de pensar en la cantidad de historias, mitos y leyendas que tienen que ver con los perros. Hoy me viene a la cabeza la preciosa historia de Acteón, el cazador, que fue devorado por sus propios perros como castigo por haber visto desnuda a la diosa Artemisa, o Diana, según griegos o romanos.

La bella diosa estaba bañándose en compañía de sus ninfas (el famoso baño de Diana, que culturas aparte, es un precioso lugar de baño en las calas de Torrevieja) cuando Acteón la descubrió casualmente. Cautivado por su belleza se detuvo y fue descubierto por la diosa, que le castigó a que sus propios perros lo devoraran. Luego los perros recorrían el bosque, lastimeros, buscando a su dueño, sin saber que se lo habían comido. El centauro Quirón, que había enseñado a cazar a Acteón, se apiadó de ellos y les construyó una estatua de su dueño para consolarlos. Qué cosas. Como los antiguos no tenían Tele Cinco y sus programas de cutrerío festivo-carnal, pues se inventaban estas cosas.

Esto de ser devorado por “sus propios perros” es motivo de nuevas leyendas que revierten invariablemente en nuestra cultura, a veces sin que nos demos cuenta. Por ejemplo se dice esa expresión cuando uno es víctima de sus propias manías o de sus propias ideas . Menos mal que siempre hay alguien en este mundo de locos que piensa más allá y que nos puede hacer de conductore… , de faro de Alejandría, porque ocupados como estamos por Belén Esteban (yo, es que no duermo), la vida se nos va en un ay continuo y desgarrador, sin enterarnos de la realité de la veritá de la vie. Oh, la la.

Pues sí. Hubo un señor, Jean Paul Sartre, dios de la mitología cultural de la izquierda, que es la única que hace cultura porque la derecha nunca juega en ese partido, así que… todos son goles y una fiesta continua. Pues digo que este señor, en su obra El ser y la nada (puro existencialismo, en aquel entonces) establece el complejo de Acteón y que define como algo fisiológico y psicosexual (mirada curiosa, lasciva), el clásico mirón que desnuda y posee con la mirada, ya que no por vía ordinaria según costumbre ancestral de la raza humana. El mirón viola con los ojos, caza con los ojos, se adueña de la persona con los ojos, come con los ojos. Así que compas de la vie, cuando encontréis a un mirón decidle a la cara: chaval/a, sufres el complejo de Acteón. Y nos quedamos la mar de descansados y el susodicho/a confundido.

En la otra parte de la leyenda de Acteón está la diosa cazadora Diana, diosa de la caza y los bosques, agraciada mujer, con un cierto aspecto varonil, ya que tenía un físico atlético. No sé yo si a través de la diosa nos estaban colando algo asumible hoy como un ser del género ambiguo, es decir ni hombre ni mujer. Un transexual, vamos. Ya digo que Telecinco viene de la antigüedad. Es un clásico.

Pues sí, amigos/as, de los perros llegamos a estos lares. Y porque no quiero tirar de la cuerda, pero… historias hay… así, a mogollón. Los perros dan para mucho. El que no tiene un perro no sabe lo que se pierde. Amistad, amor, cariño sincero, fidelidad, cultura, compañía, historias y leyendas…

Lola nació con una idea grabada a fuego en su cabeza: vivir es jugar. Y yo quiero que esa idea, aunque me agote y me enfade con ella algunas veces, la mantenga viva, inteligente, activa y feliz durante toda su vida. Ella aprende mucho y rápido y me enseña a estar despierta a la emoción de la vida a través de los sentidos. Quizá por eso , en las noches de luna llena la saco al jardín de casa, y juntas aullamos mirando la luna… AAAAAAAUUUUUUUUUUUUUHHH…

Porque ya sabéis, compas de la vie, que la familia que aúlla unida, permanece unida.

E.C.M. Historias de mi perra Lola.

mi perra Lola 1


Una sábana blanca, pura como la nieve, viene hacia mí, entre temblorosos movimientos. Me envuelve, me moja la cara, me da su aliento, se agita nerviosa, ansiosa… Me arropo, me protejo, me cubro toda la cara… ¡Socorro!…

Y cuando asomo con cuidado los ojos apenas despiertos, me planto frente a frente con dos ojos azules, como dos lagos de glaciar, de un azul transparente, claro y limpio que me miran con la candorosa insistencia del que persigue mi atención. Un hocico negrillo y arrugado, unos belfos rosados y una lengua de igual color, conforman ese rostro amigable y cariñoso, el de ese fantasma blanco que es mi perra Lola, y así me despierta cada mañana. Cansada y somnolienta, no tengo fuerzas para levantarme y seguir su vitalidad arrolladora. Le abro la sábana y ella mete su hocico dentro, levantándola, haciéndose un hueco, y se acuesta a mi lado, cierra los preciosos lagos azules y vuelve a dormir. Su calor, sus ronquidos, su ronroneo satisfecho como una gata me acompaña dulcemente y me duermo otra vez.

Sueño.

Mi perra Lola luce en el cielo, cerca de la gran estrella Sirius, el cazador, también llamado Orión. Ella es el Canis Maior. A su lado está otro perro más pequeño, el Canis Minor. Ambos preceden en el cielo a la aparición del poderoso y brillante Sirio, una de las estrellas más brillantes del firmamento. Los ojos de Lola lo forman dos estrellas brillantes Sirio A y Sirio B.

Se sabe que en verano la estrella Sirio desaparece del firmamento boreal, y se creía que se sumaba al Sol y que esa era la causa de los días abrasadores del verano. De ahí la expresión hace un día de perro. Son los días de la canícula. Sirio es la estrella del perro.

Mirzam Wezen , Adhara, Procyon… Preciosos nombres de estrellas de los canes celestes que bien servirían para nombres de perros… o de barcos.

Una noche, Orión va de caza. Sus dos perros, Maior (Lola) y Minor acechan las piezas para que Orión les lance sus flechas ardientes. Una liebre salta entre matorrales, azuzada por los perros. Ambos corren, la acosan… Canis Minor, más joven, se cansa, pero la inquebrantable lealtad de Lola, su corazón animoso siempre y su afán interminable de jugar la llevan hasta la liebre, que se detiene aterrada en el instante en que la flecha de Sirio, u Orión, la atraviesa. Lola, o Canis Maior, coge la liebre en su boca y acude solícita a su amo, ofreciéndosela y tendiéndose amorosa y jadeante a sus pies. Así luce en la noche, junto a la liebre Lepus, en una imagen congelada en el tiempo de aquella vez…

Y así es mi Lolita. Audaz, valiente, cariñosa, noble, incansable en el juego. Y con ese látigo blanco y fuerte que es su cola, viva expresión de su emotividad, en constante movimiento. Lola, mi blanco fantasma, mis dos lagos azules de blanco glaciar…

E.C. M. Historias de mi perra Lola.