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domingo, 17 de julio de 2011

Master and commander


Sé que es una bobada, pero a veces pienso que si hubiera un cielo para los humanos también debería haberlo para las mascotas. No es aceptable, para mí, que seres que han participado contigo de las alegrías y penas de este mundillo desaparezcan sin más, sin dejar rastro ni huella en otra posible vida.

Tengo un amigo que tiene una perrita sharpei. Nora, es su nombre. Nora es una dulzura de perra, callada, prudente, un poco testaruda, silenciosa y con cara de dibujos animados. Cuando pasa por la calle la gente la mira sonriente, salvo a los que los perros no les gustan, porque no los han tenido, claro está. Pues mi amigo dice que él no va al cielo si Nora no va con él. No le interesa el cielo sin Nora. Desea tenerla allí. Casi el cielo es estar con ella. Es un amor incondicional también el suyo.

Mi amigo cocina para su perra, le da largos paseos, la cubre con una manta en invierno, procura llevarla por las sombras en verano, le lleva agua fresca a cada dos por tres y disfruta como un enano acariciándola y jugando con ella. Ahora está delicada, tiene la cadera mal y la perra se resiente de ello. Ya no es la de antes. No tiene la viveza, la agilidad, la alegría de antes. Pero mi amigo, quizá por eso mismo, ha arreciado su amor por ella y la cuida con el mimo propio de quien cuida a un ser querido. Porque es un ser querido.

Estamos acostumbrados a ver personas que dan su vida por otras. Personas que dedican sus vidas a los demás. Sacerdotes misioneros, seglares que van a ayudar a los confines del mundo, médicos que dedican sus vacaciones a operar sin descanso en hospitales de campaña en condiciones terribles y en lugares paupérrimos… Todo eso tiene un gran mérito. Deberíamos incluir también en el lugar de admiración popular a las gentes que hacen el bien a los animales, en general, y a las mascotas en particular. .Deberíamos ampliar el muestrario de admiraciones. Porque entre otras cosas, todas esas personas que van a ayudar a otros, acaban diciendo que a fin de cuentas, son aquellos quienes les han ayudado a ellos, a ser mejores personas, a comprender mejor la angustia con la que mucha gente vive su única vida. Su única oportunidad de vivir. Aprenden de su resignación, de su valor, de su capacidad de sacrificio, su serenidad, su nobleza, su amor por la familia, la autenticidad de sus personas… en esos mundos donde la única riqueza son los valores personales de cada uno. Quién ayuda a quien.

A mi amigo, como a mí, y a muchos más, nuestros animales nos ayudan a ser mejores personas. Es una ayuda recíproca.

De mi perra Lola, como de otros perros que he tenido, he aprendido mucho sobre perros y… sobre personas. Dime como es tu perro y te diré como es su amo.

Algunos perros han tenido mucha suerte. Y algunas personas también.

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