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martes, 12 de julio de 2011

mi perra Lola 1


Una sábana blanca, pura como la nieve, viene hacia mí, entre temblorosos movimientos. Me envuelve, me moja la cara, me da su aliento, se agita nerviosa, ansiosa… Me arropo, me protejo, me cubro toda la cara… ¡Socorro!…

Y cuando asomo con cuidado los ojos apenas despiertos, me planto frente a frente con dos ojos azules, como dos lagos de glaciar, de un azul transparente, claro y limpio que me miran con la candorosa insistencia del que persigue mi atención. Un hocico negrillo y arrugado, unos belfos rosados y una lengua de igual color, conforman ese rostro amigable y cariñoso, el de ese fantasma blanco que es mi perra Lola, y así me despierta cada mañana. Cansada y somnolienta, no tengo fuerzas para levantarme y seguir su vitalidad arrolladora. Le abro la sábana y ella mete su hocico dentro, levantándola, haciéndose un hueco, y se acuesta a mi lado, cierra los preciosos lagos azules y vuelve a dormir. Su calor, sus ronquidos, su ronroneo satisfecho como una gata me acompaña dulcemente y me duermo otra vez.

Sueño.

Mi perra Lola luce en el cielo, cerca de la gran estrella Sirius, el cazador, también llamado Orión. Ella es el Canis Maior. A su lado está otro perro más pequeño, el Canis Minor. Ambos preceden en el cielo a la aparición del poderoso y brillante Sirio, una de las estrellas más brillantes del firmamento. Los ojos de Lola lo forman dos estrellas brillantes Sirio A y Sirio B.

Se sabe que en verano la estrella Sirio desaparece del firmamento boreal, y se creía que se sumaba al Sol y que esa era la causa de los días abrasadores del verano. De ahí la expresión hace un día de perro. Son los días de la canícula. Sirio es la estrella del perro.

Mirzam Wezen , Adhara, Procyon… Preciosos nombres de estrellas de los canes celestes que bien servirían para nombres de perros… o de barcos.

Una noche, Orión va de caza. Sus dos perros, Maior (Lola) y Minor acechan las piezas para que Orión les lance sus flechas ardientes. Una liebre salta entre matorrales, azuzada por los perros. Ambos corren, la acosan… Canis Minor, más joven, se cansa, pero la inquebrantable lealtad de Lola, su corazón animoso siempre y su afán interminable de jugar la llevan hasta la liebre, que se detiene aterrada en el instante en que la flecha de Sirio, u Orión, la atraviesa. Lola, o Canis Maior, coge la liebre en su boca y acude solícita a su amo, ofreciéndosela y tendiéndose amorosa y jadeante a sus pies. Así luce en la noche, junto a la liebre Lepus, en una imagen congelada en el tiempo de aquella vez…

Y así es mi Lolita. Audaz, valiente, cariñosa, noble, incansable en el juego. Y con ese látigo blanco y fuerte que es su cola, viva expresión de su emotividad, en constante movimiento. Lola, mi blanco fantasma, mis dos lagos azules de blanco glaciar…

E.C. M. Historias de mi perra Lola.

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